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César Abraham Vallejo Mendoza (Santiago de Chuco (16 marzo de 1892 –París, 15 abril de 1938), poeta peruano considerado entre los más grandes innovadores de la poesía del siglo XX (fue, en opinión del crítico Thomas Merton, "El más grande poeta universal después de Dante") halago que no hace mas que confirmar el enorme legado del poeta del "dolor humano"; quien revolucionó la forma y el fondo de sentir y escribir poéticamente. En Trujillo se le asocia con el grupo "El Norte", conformado por Antenor Orrego, José Eulogio Garrido, Víctor Raúl Haya de la Torre, Alcides Spelucín, y Juan Espejo Asturriaga; mientras que en Lima se le vincula con intelectuales como José Carlos Mariátegui,Abraham Valdelomar,Luis Alberto Sánchez, Manuel González Prada, José María Eguren y Juan Parra del Riego.
En lo imprevisible de mi infancia, César
siempre estaba allí con sus ojos vivos y su silueta nostálgica, en Guatemala, México, Perú, Lima, pues padre en voz alta leía poemas, daba charlas, escribía artículos y polemizaba acerca de la vida y obra del poeta de Santiago de Chuco. En 1959, dos años después de retornar del exilio, Gustavo Valcárcel y Violeta Carnero, editaron 50 000 ejemplares de una colección titulada "Festival César Vallejo" –que incluía los libros: Trilce, Los heraldos negros, Poemas humanos, El tungsteno, Rusia en 1931 (I y II tomos) y España aparta de mí este cáliz. Y, poco después, César Vallejo, vida y obra de Luis Monguió.
Esta aventura pionera e insólita irradió nuestro hogar y me llenó de emoción la idea de compartirla. Y, sin pensarlo mucho, teniendo sólo 14 años –inspirada por mi amiga Águeda Castañeda- salimos a ofrecer dichos libros de puerta en puerta. A los vecinos de Lince debió emocionarles nuestra audacia, pues en la mayoría de las jornadas tuvimos suerte y pudimos retornar a casa dignas y sonrientes colegialas, con varias monedas y sendas bolsas de chancay**.
Estudié la secundaria en la Gran Unidad Escolar "Teresa González de Fanning" (1836-1918: seudónimos María de la Luz y Clara de Risco)***. Cursaba cuarto año, cuando la Srta. Ada Pastor, maestra de literatura leyó el dramático poema "Masa" y dos condiscípulas soltaron carcajadas, sentí una mezcla de rabia e impotencia agudas. ¿Cómo podían mofarse de la esencia humana que representaba nuestro aeda?
Tempranamente, pues, la sombra de Vallejo me invadió. Su desgarramiento y soledad envolvieron mi sensibilidad y sufrí el dolor de su intensa poesía, En la adolescencia. Poemas humanos me trastocó hondamente hasta el grado de marcarme, y, creo, que no pude ser ya la de antes, después de haber devorado aquella obra extraordinaria y haber leído muchas veces el poema "Palmas y guitarras":
¿Qué te importan a ti las balas, / si el fusil está humeando ya en tu dolor? // Hoy mismo pesaremos / en los brazos de un ciego nuestra estrella / y, una vez que me cantes, lloraremos…
En la edad de la razón lo admiro, al internacionalista, dialéctico, rebelde y solidario. Su alto amor a la humanidad es lo que me conmueve y me da esperanza, aún. Joven, me identifiqué con su pasión revolucionaria, la defensa de la España Republicana y me dio fuerzas su pluma comprometida. Pero también me jodían "Los heraldos negros", la fatalidad de los golpes que le cayeron. Y, necesité despojarme de Vallejo durante largo tiempo; para aliviarme y poder sobrevivir a sus grandes ojos de carbón. De ese libro me inspiró ternura el texto "Las piedras":
Tal, blanca piedra / es la luna que voló de un puntapié…
Sus cartas evidencian al artista apremiado. En el artículo "Ave César, los que van a morir te saludan" (en Kachkaniraqmi, II época) Sandro Chiri advierte que en ellas hay fragmentos destellantes que las emparentan a lo más notable de un género olvidado: la epístola. Un trozo basta para mostrarlo:
Estoy en el mismo hotelito de la rue Moliere, que usted conoció alguna vez. Estoy dispuesto a trabajar cuanto pueda, al servicio de la justicia económica cuyos errores actuales sufrimos: usted, yo y la mayoría de los hombres, en provecho de unos cuantos ladrones y canallas. Debemos unirnos todos los que sufrimos de la actual estafa capitalista, para echar abajo ese estado de cosas. Voy sintiéndome revolucionario por experiencia vivida, más que por ideas aprendidas.
Mi primer viaje a Europa lo hice en noviembre de 1971. Llegué a París con sólo 24 años de edad, una maleta antigua llena de artesanías, un poncho, libros y revistas juveniles nacionales, y muchas ganas de ver a mis amigos y amigas.
Esa audaz odisea pronto se tornó en una suerte de peregrinaje. Busqué la casa de Isadora Duncan hasta hallarla. Luego, con brío visité cementerios, junto al leal amigo Eduardo Justo Caballero. Nos tomó varias horas hallar el cementerio y la tumba de Vallejo.
El 19 de abril los restos de Vallejo fueron trasladados a la Mansión de la Cultura y más tarde al cementerio de Moutrouge. El 3 de abril de 1970 los restos del poeta son trasladados al cementerio de Montparnasse.****
Ahí, en Montparnasse, Lalo y esta aprendiz, hicimos un rito, mientras recordamos cómo lo había afectado la miseria, hambre, tensión política y emoción de la contienda española. Pues Vallejo un instante deseó volver a América. Sin embargo, digno y valiente decidió que "no podía abandonar Europa mientras siguiera luchando el pueblo español, mientras quedaran esperanzas de redención".
¿Quién no sabe que el 15 de abril de 1938 partió César Vallejo, el poeta que profetizó su muerte en un célebre texto que tuvo cabal cumplimiento? Empero, por qué cerró sus ojos en la tarde de un viernes santo, cuando un aguacero caía sobre París, como él lo había soñado. El 19 de abril de 1938 frente a su tumba Louis Aragón, Antonio Ruiz Vilaplana y Gonzalo More hablaron en nombre de la Asociación Internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura; de los españoles; y de los peruanos. Entonces pálida, le pregunté al poeta: ¿Cómo hacer la revolución, Vallejo?, ¿desde abajo?, ¿con una gramática propia solamente?
A inicios del XXI, en Lima, respiro hondo y César me susurra clandestino:
Papel de viento, lo han matado: ¡pasa! / Pluma de carne, lo han matado: ¡pasa! / ¡avisa a los compañeros pronto! // Palo en el que han colgado su madero, / lo han matado; / lo han matado al pie de su dedo grande / ¡Han matado, a la vez, a Pedro, a Rojas! / ¡Viban los compañeros / a la cabecera de su aire escrito! / ¡Viban con esta b del buitre en las entrañas / de Pedro / y de Rojas, del héroe y del mártir…
(Ave César, ¿di?)
Rosina Valcárcel Carnero
Notas.-
* Esta es una versión revisada, corregida y aumentada: 15/03/08.
C/f artículo…La República…y libro Aprendiz de maga, Horizonte, Lima, 2006, de R.V.
**Biscocho típico de Lima, llamado en la Colonia pan dulce.
***Se ha acusado a Georgette Phillipart de adueñarse del cadáver, pues los restos de César Vallejo no han sido devueltos al Perú.
****Una exposición titulada "Veladas literarias". Lima 1876-1877, organizada por la Biblioteca Nacional del Perú, nos devuelve un capítulo casi inadvertido de nuestra historia literaria: los célebres encuentros culturales realizados en el hogar de Juana Manuela Gorriti, escritora argentina radicada en el país por tres décadas. Un edificio blanco e imponente se levanta en el cruce de los jirones Camaná y Ocoña. Para la mayoría es la esquina del movimiento cambiario; para pocos, el lugar donde hace 130 años se ubicó el encuentro de las calles Urrutia y Pilitricas. De ahondar más en aquel pasado sabríamos, inevitablemente, que en el número 188 acontecían, durante algunos miércoles, eventos singulares hasta avanzadas horas de la madrugada. De estar en 1876, al revisar El Nacional leeríamos una de esas crónicas que cada tanto aparecían redactadas por periodistas que opinaban que lo sucedido allí era el mejor modelo de buena sociedad, las fiestas de la inteligencia. Veladas literarias. Un singular grupo, oportuno para una instantánea. Ricardo Palma, Clorinda Matto de Turner, Mercedes Cabello, Manuel Atanasio Fuentes y Teresa González de Fanning, reunidos junto a otros celebérrimos o desconocidos personajes en una misma habitación, no resulta inverosímil. Acudían al epicentro de la creación cultural, participando así de su promoción y difusión, su debate en la médula de una ciudad plena de alocadas ilusiones de modernidad y progreso. Un núcleo en crecimiento, que avasallaba a las coloniales y limitantes murallas que lo rodeaban. Fines de la década de 1870. (Daniel Contreras M. en Identidades, El Peruano 5/12/05)
**** Texto para leer en el I Conversatorio: Vallejo y nosotros / 116 aniversario. Organizado por la Cátedra Vallejo de la Universidad Socialista de Perú José Carlos Mariátegui, cuyo responsable es Luis Miguel Anamaría. Participantes: Rosina Valcárcel, Armando Arteaga, Bernardo Álvarez y Juan Carlos Lázaro. El lunes 17 de marzo de 2008, desde las 6:30 P.M. (habará proyección de video, exposición y venta de libros). Auditorio de la Casa Museo Mariátegui: Jr. Washington 1938-1946, Lima.
Lima, Perú, Verano de 2008.
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